Con una pérdida hídrica de tan solo el 1% del peso corporal hace que se eleve la temperatura de un 0.1°C hasta 0.23°C, lo que provoca un incremento en el trabajo cardiaco, así como la disminución del rendimiento físico.
La persona puede tener:
Dolor intenso de cabeza.
Náuseas.
Irritabilidad.
Sudoración excesiva.
(Emén-Sánchez et al., 2017; Vega-Pérez et al., 2016).
La pérdida hídrica de un 4% del peso corporal puede causar una disminución de la fuerza muscular, provocando un mayor esfuerzo para realizar el trabajo físico.
La pérdida hídrica de un 5% del peso corporal hace que la temperatura llegue a los 39°C, provocando una mayor disminución del rendimiento deportivo, agotamiento, falta de sudoración y aumento del riesgo de lesiones en el músculo y los tendones.
Con una pérdida hídrica de un 6% del peso corporal, se alteran mecanismos de termorregulación, lo que puede provocar un golpe de calor que lleva a la muerte.